¿QUÉ ES EL HOMBRE?

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¿QUÉ ES EL HOMBRE?

by Rubén Luis García :: Rate this Message:

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Les mando esto que rescaté del arcón de los recuerdos.
Es un apunte que me pasó Gustavo Travaglia cuando yo era ayudante de cátedra en el Imdafta.
Es un material que pese a tener 45 años de realizado, no deja de tener algunas referencias interesantes.
Evidentemente, podemos relacionarlo a Minor White con sus "equivalentes".
 
 
 
 

¿QUÉ ES EL HOMBRE?

 

TÍTULO DE LA EXPOSICIÓN MUNDIAL DE LA FOTOGRAFÍA 1964

 

 

EL LENGUAJE DE LA FOTOGRAFÍA

MÉTODO DE ESTA EXPOSICIÓN

 

Presentación del organizador, Karl Pawek

 

 

Hace 125 años fue inventada la fotografía para auto‑representar la realidad. Hasta dónde ha llegado entretanto el arte de auto‑retratar la realidad es lo que quiere mostrar esta Exposición. Sin perder de vista que en el transcurso del tiempo nos hemos vuelto más exigentes. Ya no nos conformarnos con que la fotografía muestre los objetos en sus tres dimensiones. Queremos ver más dimensiones, queremos ver también las dimensiones históricas, sociales, psíquicas, personales, espirituales y el trasfondo de las cosas.

El objeto con mayor cantidad de dimensiones es el hombre. Es de él, por lo tanto, de quien podemos esperar la más sorprendente revelación de la realidad.

¿Puede la realidad auto‑revelarse? Muchos me han aconsejado anotar debajo de las fotos lo que éstas atestiguan. Pero yo quería que la Exposición recorriera muchos países, llegando a hombres que hablan diferentes idiomas. Sin embargo las fotos habrían de hablar un solo lenguaje que todos comprendieran. De esta manera la fotografía debería dar prueba de sus capacidades lingüísticas.

Yo se que constituye todo un reto eliminar palabras y conceptos y dejar hablar sólo las imágenes, cuando se trata del complicado tema: ¿Qué es el hombre? ¡La fotografía ni siquiera dispone de los recursos idiomáticos del arte! El arte, al formular su mensaje, no depende exclusivamente de los diferentes objetos de nuestro mundo real casualmente presentes, sino dispone además de la universalidad del espíritu, de su fuerza creadora y de su libertad. La fotografía en cambio no puedo captar “lo general”. Sus vocablos son siempre sólo los objetos aislados. Ya Spinoza dijo que éstos no permiten llegar a un conocimiento concluyente. Se les puede registrar masivamente, sin embargo, si no se dispone de sus conceptos peculiares, no se llegará a conocer nada de ellos, y eIIos no nos revelarán nada esencial.

Desde el punto de vista de la práctica fotográfica uno se siente tentado a dar la razón a Spinoza. No es fácil arrancar un mensaje de un objeto aislado. Esto lo confirman millones de fotos representando objetos aislados, que se toman en todo el mundo. Técnicamente impecables, quizás incluso con valores gráficos formales y, sin embargo, no transmiten nada esencial. Por el hecho de ir fotografiando trecho por trecho, prácticamente centímetro por centímetro el mundo, no se tiene que llegar necesariamente a la obtención de un solo mensaje esencial. De este modo puede resultar también nada más que una montaña de fotos que, desde el punto de vista de un mensaje esencial, no nos dicen nada.

No obstante, el racionalista Spinoza carece de razón y millones de fotos inconsistentes no impiden la existencia de otras que efectivamente tienen algo que decir y cuya presencia enciende en nosotros la chispa de un conocimiento. Y este proceso de conocimiento no se desencadena porque un fotógrafo haya arreglado o manipulado algo, sino porque el lente de la cámara enfocó un objeto o un acontecimiento determinado. Entre el sinnúmero de cosas aisladas en el mundo surgen siempre de nuevo también aquellas que son especiales; y entre todas las situaciones y acontecimientos a que somos confrontados existe también lo manifiesto que nos familiariza con la esencia, las circunstancias, los trasfondos y la peculiaridad de nuestro mundo o de nuestra vida. Lo «especial» es lo individual acentuado, que gracias a sus acentos logra penetrar nuestro pensamiento. Lo especial y lo manifiesto, por lo tanto, desempeñan en el lenguaje de la fotografía el papel que en el lenguaje del intelecto desempeña el concepto. En primer término, al seleccionar el material de esta Exposición, mi criterio no ha sido escoger fotos hermosas, bien compuestas o dotadas de méritos gráficos relevantes, sino aquellas que tuvieran especial relieve.

Lo que ellas fijan es un trozo de realidad virgen, no tocado por el hacha de nuestro pensamiento conceptual. Ahora bien, si hubiese escrito palabras o conceptos como explicación o definición debajo de las fotos, esto habría sido una empresa no sólo pretenciosa sino también necia. Evidentemente al pie de la foto se habría puesto menos de lo que ésta expresa de por sí. Mis palabras solo habrían servido para limitar el mensaje de la foto. Conceptos sólo pueden competir con conceptos, no así con objetos concretos (es por eso que los textos generalmente son menos elocuentes que las fotos). Por consiguiente, tuve que dejar que las fotos hablaran por si mismas.

No obstante, creo que el lenguaje de la fotografía no sólo contiene palabras sino también frases. La necesidad de formular frases fotográficas nos la prueban numerosos libros de fotos (y desde luego también exposiciones) que terminan por aburrirnos, dado que van enhebrando buenas fotos como al azar y sin relación alguna entre ellas. Se comportan cual oradores que osan enfrentarse al público para hablar durante horas sin ilación, usando palabras tan hermosas como: “estrella, comida, bomberos, amor, bigotes . . .” ¿Cuánto tiempo estaría la gente dispuesta a escuchar algo semejante? ¿Y hasta dónde podemos permitirnos oscurecer el mensaje individual de fotos de calidad en un conglomerado absurdo?

Por cierto que la gramática de las frases fotográficas es distinta a la del lenguaje conceptual. De manera que no sólo importa el que dos fotos combinen temática u objetivamente, sino también tienen que armonizar visualmente. A veces las fotos incluso se repelen, a pesar de que objetivamente combinan. Se desvalorizan unas a otras, se roban el protagonismo y oscurecen su mensaje. En otras fotos empero surge una nueva iluminación tan pronto se las coloca juntas, pues se acentúan y unen en un nuevo efecto visual, activando por su confrontación nuestra mente. Una foto puedo ganar mucho gracias a otra.

En todo esto no sólo se trata de aspectos estéticos, sino también de aquella luz y aquella fuerza del mensaje con que la visión de las cosas concretas conmueve nuestro intelecto. Esta Exposición constituye un esfuerzo por aprovechar las posibilidades de la sintaxis del lenguaje de la fotografía. Quiero decir entonces que lo que ella pretende no es mostrar una foto buena y otra foto buena y otra foto buena..., sino que quiere presentar un ensayo visual. Es por esto que siempre debemos mirar estas fotos en conjunto, pues su confrontación constituye una parte integral de la visión de esta Exposición.

¿Dónde queda entonces la «auto‑representación de la realidad», o la objetividad de la fotografía, si realizamos semejantes trucos sintácticos con las fotos y tratamos de provocar, mediante su confrontación, nuevas imágenes y secuencias de pensamiento?

Esta pregunta sólo puede ser respondida si uno llega a darse cuenta en un sentido mucho más amplio del papel que desempeñan en la fotografía el «pensamiento» y la «realidad». ¿Es acaso objetiva la fotografía? ¿Nos garantiza la realidad? ¿Lo que nos muestra la fotografía es la realidad y nada más que la realidad? Y si la fotografía posee esa capacidad sensacional de poner la realidad sobre la mesa ¿qué es entonces el fotógrafo? ¿El operador técnico y nada más que el operador técnico de la imagen? Estas preguntas ya han suscitado más de alguna disputa. Sin embargo, sólo pudieron ser formuladas e inquietar los ánimos porque con la fotografía les fue dado a los hombres un método novedoso de analizar gráficamente la realidad. En el arte esas preguntas jamás habrían tenido sentido alguno.

De la fotografía exigimos que no sólo nos entregue la representación ideológica de algo, sino que (contrariamente al arte) nos confirme también la existencia de sus objetos. Por lo tanto, en la medida en que los hombres están convencidos de que cumple con esa finalidad, ella ejerce una compulsión casi física hacia la evidencia (compulsión que los críticos culturales tratan una y otra vez de aminorar). Su proceso incluye algo sustraído a todo idealismo y que se efectúa más allá del espíritu. Me refiero a aquel fenómeno mecánico mínimo pero imprescindible de la penetración de la luz, que define la imagen y decide si se ha hecho una impresión fotográfica o no. El que gracias a la fotografía exista un puente entre el mundo físico y su representación gráfica (puente que no es apuntalado exclusivamente por la fantasía artística y la libertad del hombre) constituye lo verdaderamente sensacional de su invención.

En este sentido tal invención no permite fotografía alguna en que el hombre, en el instante mismo de la impresión gráfica, no deje la acción a cargo del principio físico de la cámara. Si el fotógrafo no estuviera situado al margen de este proceso físico de generación, sería él el único creador de las fotos, mas, en este caso, a sus imágenes, al igual que a las del artista, no podría exigírseles sino un significado ideológico. No poseerían “legitimidad física” y es justamente esa legitimidad la que exigimos a la fotografía.

Hoy empero formulamos simultáneamente exigencias espirituales a la fotografía.

Querernos ver en ella algo más que la mera ampliación de los objetos. Es así como la cámara se ve obligada a fotografiar también «lo espiritual». Ciertamente la industria fotográfica no habría podido proporcionar un dispositivo para captar lo «espiritual». Por lo tanto, tenía que entrar en juego otro factor. Mientras uno se limitaba a enfocar lo corpóreo del objeto, bastaba para el proceso fotográfico la confrontación espacial de objeto y objetivo. En este caso un objeto externo (la cosa a fotografiar) y otro objeto (la cámara) son puestos por el fotógrafo en una relación técnica y acaso estéticamente controlable y regulable, que en el fondo, empero, no es sino mecánica o externa.

En la fotografía espiritual se encuentran la esencia interior del fotógrafo con la esencia interior del objeto, espíritu subjetivo con espíritu objetivo, y es recién ese proceso el que registra la cámara moderna (en otra ocasión he expuesto con qué método).

Ver es el truco más importante de la fotografía moderna. Al que actualmente quiera lograr algo en el campo de la fotografía antes que nada tienen que abrírsele los ojos. De lo demás ya se encargará la máquina. Lo decisivo no es tanto el que se posea un determinado estilo fotográfico o dominio de diversos trucos de la caracterización gráfica, sino que ‑en el sentido bíblico‑ no se pertenezca a aquella clase de gente que tiene ojos y no ve. Lo sustancial de la foto moderna es un objeto cuya existencia no puede ser registrada mecánicamente. Quien quiera captarlo tiene que comprenderlo.

La misma suposición básica previa es formulada por la fotografía en relación al espectador. Es uno de los más burdos malentendidos considerar que la fotografía es una moderna biblia pauperum[1], una especie de embudo de Nuremberg[2] que suministra por los ojos a los pobres de espíritu lo que no pueden captar mediante su estructura mental La fotografía no puede obligar a nadie a ver aquello que trasciende lo tridimensional del objeto. Más allá de ese límite el hombre ve solo lo que conoce. La óptica ampliada de lo espiritual, por consiguiente, solo surte efecto en la medida en que el espectador cuenta con determinadas experiencias. En una foto puede representarse vida vivida, décadas o siglos, puede hacerse visible algo de la estructura de nuestra existencia, podemos enfrentarnos con nuestro propio destino humano, palpar formas de vida, descubrir posibilidades existenciales . . .; las fotos pueden mostrarnos el inmenso contenido que tiene la vida, pero todo esto solo a condición de que nosotros mismos ya hayamos experimentado aquella relación vital de la que surgen estas imágenes. El éxito de la foto consiste entonces en el hecho de que ésta, de súbito, nos haga consciente ese cúmulo de experiencias que quizás en nosotros haya estado sepultado, enfrentándonos a un conocimiento interior propio. Yo puedo ver la interioridad de un rostro fotografiado solo si por mi propia experiencia íntima tengo una idea de la interioridad. De ahí que la foto es también esotérica y posee un «conocimiento secreto» quo solo se me hace accesible cuando es mi propio conocimiento.

Habrá que admitir, en consecuencia, que en la fotografía moderna se mezclan elementos objetivos y subjetivos de manera tal, que los objetivos no excluyen los subjetivos ni éstos ponen en duda a aquellos. Para nuestra mentalidad contemporánea, que se orienta o hacia una teoría unilateral de lo inmanente o hacia un empirismo unilateral, esto no es fácil de captar. La división radical de la realidad en res extensa y res cogitans[3] , en el mundo exterior y en el pensamiento, no tiene vigencia en el terreno de la fotografía moderna. Este es uno de los puntos en los que la fotografía se identifica como instrumento de una nueva época. De ahí que la fotografía constituya un asunto tan apasionante, porque sus propias condiciones son idénticas a las de una nueva época histórico-espiritual. Esta viene a ser al mismo tiempo la razón por la cual siempre de nuevo desafía el pensamiento intelectual convencional.

Vista bajo estas condiciones, la disputa sobre la objetividad de la fotografía o la libertad creadora del fotógrafo carece de sentido. Ahí donde la fotografía recorre sus propios caminos, vale decir donde emplea consecuentemente el principio de su invención aplicado al desarrollo de una nueva mentalidad, el tan discutido antagonismo ya ha perdido su vigencia. La misma identidad de pensamiento y realidad debe por supuesto ser aplicada también al método seguido para esta Exposición.

En lo que a esto se refiere, ciertamente se hace necesario contemplar desde un nuevo ángulo la relación de causa y efecto entre inteligencia y realidad. También en este punto tendremos que sobreponernos a la actitud mental que hemos observado hasta ahora. Es sabido desde hace mucho que el fotógrafo no siempre provee, ni mucho menos aun predispone lo que más tarde contienen sus fotos. A veces la realidad le ofrece la imagen en el momento del enfoque, a veces empero recién se la ofrece la química en el laboratorio, donde él mismo quizás ni siquiera ya esté presente.

Ahora bien, hasta la fecha hemos creído que algo inteligente sólo puede resultar de una causa inteligente y que aquello que surge sin un principio racional o previsor no puede tener calidad espiritual. Sin embargo, tendremos que revisar un poco nuestro concepto de causas también en relación a la presencia de lo espiritual en el mundo. Llegamos a la conclusión de que una cooperación entre inteligencia y casualidad con miras a la producción de algo espiritual es perfectamente posible en nuestra realidad efectiva. A diario la fotografía nos comprueba esa coproducción. De lo cual se desprende, asimismo, la necesidad de formarnos un nuevo juicio sobre la «actividad creadora» del fotógrafo.

Fotógrafos de treinta países nos han enviado sus colaboraciones para esta «coproducción con la realidad». Las imágenes que integran los diversos grupos de nuestro ensayo visual son producto de la imaginación de fotógrafos rusos, chinos, norteamericanos, italianos, húngaros, franceses, alemanes, etc. Esta Exposición no muestra un mundo dividido y creo que tal impresión no se debe a engaño o ilusión política alguna. Desnudos –vale decir reducidos a nuestro destino humano y sus condiciones elementales– somos todos, no solo iguales, sino también idénticos en nuestra conciencia (¿es acaso posible deducir incluso de los hechos unitarios de la visión un común desarrollo subconsciente de la mentalidad de toda la humanidad?). Pero quizás todavía sea más fácil ver que comprender, que un aspecto humano en Moscú no es diferente al de uno en Chicago y que el concepto de lo exótico desde hace mucho ha perdido vigencia, porque bajo determinados aspectos somos todos igualmente exóticos.

Es esta idea grandiosa de Edward Steichen en su memorable exposición «The Family of Man» (La Familia Humana) la que también queremos mantener viva en esta Exposición Mundial de la Fotografía. Steichen con su empresa ha sacado a la fotografía del ambiento del hobby, subordinándola a un tema grandioso. Gracias a él, el objeto temático de una exposición fotográfica por primera vez ha llegado a ser más importante que la fotografía. Desde entonces para muchos fotógrafos de prestigio en todo el mundo lo meta-fotográfico se ha hecho más interesante y decisivo que lo fotográfico. La fotografía tomada como un fin en si misma, fácilmente se torna inconsistente. Ella constituye una ventana abierta hacia nuestra realidad, así como el arte ha sido antes para los hombres una ventana abierta hacia su realidad, su Dios, sus Santos, su historia, su sensualidad. El éxito máximo de las fotos expuestas sería, por consiguiente, lograr que el público, al abandonar esta Exposición, ya no pensara más en la fotografía sino en el ser humano.

 

(Traducción: Vera Zeller)



[1] Biblia pauperum (Biblia de los pobres). Versión de la biblia realizada sobre una base más pictórica que textual. Eran versiones forzosamente limitadas, por lo que el contenido era simple y tosco, destinado a lectores poco instruidos.

[2] Los bávaros hablaban del “embudo de Nüremberg”, con el que se inyectaba a personas de escaso espíritu cantidades más o menos enormes de saber, una suerte de clister mental. Pero no por esto se volvían más sabios.

Wilhelm Bush partiendo del famoso "embudo de Nuremberg" (Nuremberg Trichter), popularizó en la tradición literaria alemana la metáfora del "alumno‑embudó”, como aprendiz en el cual el profesor va introduciendo conocimientos.

[3] Descartes, en Meditaciones Metafísicas, en la Meditación Sexta y última demostraba la existencia de las cosas materiales y afirmaba la distinción real entre el alma y el cuerpo (“substancialmente unidos” en el hombre): el dualismo entre el pensamiento (res cogitans) y la extensión (res extensa), que no quebranta la unidad del ser humano sino que la establece en su especificidad.